Modo bestia… pero contra puros rivales de chocolate
Síndrome de Estocolmo: El Tri gana y nos ilusiona
Váyanse preparando, mis queridos masoquistas del balón, porque la Selección Nacional lo volvió a hacer. Justo cuando juramos que ya no les íbamos a creer nada, van y le ganan por la mínima a Australia en el Rose Bowl. Ante 80 mil almas que pagaron en dólares para ver si este año sí es el bueno, el Tri se despidió de las tierras gringas con su segundo triunfo al hilo. Ahora tocará volar de regreso para cerrar la preparación contra Serbia este jueves 4 de junio en Toluca, antes de que arranque el verdadero fuego en el Estadio Ciudad de México contra Sudáfrica.
El “Vasco” Aguirre ya pudo echarle ojo a la mercancía para sacar la guillotina y entregar la ansiada lista final de 26 convocados este mismo domingo. Seguramente estos partidos le sirvieron para resolver las poquitas dudas que le quedaban. El único chispazo del encuentro cayó al minuto 28, cuando Johan Vásquez se avivó en una jugada a balón parado y la mandó a guardar. Al menos se nota que en los entrenamientos sí ensayan la táctica fija, porque si esperamos que anoten tejiendo una jugada de fantasía, nos dan las uvas.
El primer tiempo lo atajó el “Tala” Rangel, que tuvo la grandísima suerte de que los canguros fallaran una clarísima con la portería abierta; de esas que hasta el choricero de afuera del estadio habría metido. Ya para la segunda mitad, el Vasco hizo cambios y sacó a pasear al incombustible, al de los rizos inmortales: Guillermo Ochoa. Paco Memo no desaprovechó el reflector y se mandó un par de atajadas de esas que le gustan, luciendo para la foto y levantando a toda la tribuna gringa.
El equipo supo sufrir cuando los australianos quisieron reaccionar, pero nos dejan un pendiente del tamaño de nuestro ego nacional: de los tres goles que ha marcado la Selección en estos dos juegos, solo uno ha sido obra de un futbolista de ataque. Los delanteros andan con la pólvora más mojada que trapeador de taquería. Ya veremos con quiénes se la juega el Vasco de manera definitiva. Preparen las veladoras y el Omeprazol, que ya empezó la ilusión mundialista.