Paro laboral: dejan a las bendiciones en la calle por bonos de burla
Las asistentes educativas del CENDI Giocare en Avenida de la Luz se amotinaron y mandaron a las bendiciones de regreso a sus casas. ¿El motivo? Les quisieron ver la cara cambiándoles su esperado aumento salarial por un mísero bono de 200 pesos.
Si hoy vieron oficinistas al borde del colapso deambulando por Avenida de la Luz con sus chamacos llorando, no fue un simulacro. Las veintiocho asistentes educativas del CENDI Giocare, guardería subrogada del IMSS, aplicaron la de Los Juegos del Hambre y se amotinaron. ¿La razón? Se hartaron de jugar al voluntariado.
El chisme está deprimente. Las maestras esperaban un aumento salarial real para sobrevivir a la inflación, pero la administración aplicó una tacañería nivel Mr. Burns y les aventó un mediocre bono de asistencia de doscientos pesitos. Con esa fortuna no te armas ni un combo chico en el cine. Pagarle esa miseria a las mujeres que evitan que las crías se traguen un crayón durante ocho horas seguidas, es un chiste macabro.
Hastiadas de nóminas escritas en arameo, exigen que el dueño salga de su escondite y firme acuerdos reales. Quieren dinero de verdad, porque de la pura vocación no tragan sus propias familias. Hasta ahora, el IMSS y la guardería aplican la de Homero Simpson desapareciendo en el arbusto: silencio total. A ver quién cuida a los niños mañana.