Alí Ávila: de cascajo regio a mero patrón queretano
Ese compa Alí Ávila anduvo rebotando como balón ponchado entre el Monterrey y los Pumas, pero al fin encontró su barrio en el Querétaro. A sus veintidós años, el morro ya dejó de comer banca y se puso la del Puebla con nuestros Gallos Blancos, callando hocicos a puro pepino en este torneo.
Qué tranza, bola de masoquistas del balompié nacional. Arranca el Apertura dos mil veintiséis y traemos un chismecito de esos que huelen a linimento barato de llano. Hablamos de Alí Ávila, un compa sinaloense de veintidós años que andaba más perdido que billete en el metro, pero ahorita anda de matón con nuestros Gallos Blancos. Está demostrando que a veces nomás ocupas que te den cancha para dejar de ser el recoge balones oficial.
La tragedia de este morro empezó en el norte con los billetudos de Rayados. Debutó en Primera División en un Clásico Regio, pero nomás lo metieron dos tristes minutos para quemar el reloj. Una reverenda burla. Como lo traían de adorno, se fue de arrimado a los Pumas en el Clausura dos mil veinticuatro. En su debut vacunó al Puebla con dos dianas y parecía que sería el nuevo ídolo del pedregal, pero lo mandaron a calentar la banca y regresó a Monterrey con la cola entre las patas.
Pero como dicen en la calle, no hay mal que dure cien años. Cayó de rebote en nuestro gallinero, le dieron el voto de confianza y respondió repartiendo leña a diestra y siniestra. Vacunó a San Luis, Juárez, Chivas y Mazatlán sin piedad. Por eso la directiva rompió el cochinito y aflojó la cartera para comprarlo de forma definitiva. Ahorita, bajo el mando de Esteban González, sigue en estado de gracia humillando defensas y cobrando venganza contra los Tigres. El morro es el mero patrón del ataque queretano, a ver si en la Leagues Cup no se nos achica a la mera hora.