AIFA cumple cuatro años tragando subsidios sin despegar
El megaproyecto que iba a salvar el espacio aéreo terminó siendo el Sugar Baby más caro del país y un auténtico pueblo fantasma.
Cuatro años de operaciones y el AIFA sigue teniendo menos ambiente que un Blockbuster en pleno 2026. Nos vendieron la idea de que esta terminal iba a descongestionar los cielos, pero resultó ser el fraude más caro desde el Fyre Festival.
Hablemos de dinero, que es lo que más duele. El capricho aeroportuario de Santa Lucía costó 115 mil millones de pesos, un brutal 53 por ciento arriba de lo planeado. Y como la terminal no genera ni para comprarle papel de baño a sus baños temáticos, el Estado la mantiene como su Sugar Baby exclusivo. Solo para este año, le van a inyectar otros 744 millones en subsidios directos para que no le corten la luz.
Mientras el Felipe Ángeles respira con ventilador artificial, el AICM sigue a reventar. El Benito Juárez movió casi 22 millones de pasajeros en seis meses. ¿Y el AIFA? A duras penas 3.6 millones. A nivel internacional, capta apenas el 2 por ciento del tráfico. Tienes más probabilidades de ver a un unicornio que a un turista extranjero documentando maletas en esa pista militar.
Su único “éxito” fue monopolizar el transporte de carga pesada, pero no por su gran eficiencia logística, sino porque obligaron a las aerolíneas a punta de decretazos dictatoriales, al puro estilo de Los Juegos del Hambre.
En resumen, el problema de saturación nunca se resolvió. Las aerolíneas simplemente metieron aviones más gordos en el AICM. El AIFA es un elefante blanco monumental que nos exprime los bolsillos fiscales mientras colecciona telarañas y ecos de vuelos vacíos.