Traición, sangre y los otros datos del gobierno federal
El secretario de Seguridad presume capturas récord por la masacre familiar en Atizapán, mientras Palacio Nacional nos jura que México es un paraíso pacífico.
El secretario de Seguridad, “El Batiharfuch”, salió a colgarse la medalla de la justicia rápida. En menos de 12 horas, armaron un mega operativo para atrapar a los presuntos asesinos del músico de Camilo Séptimo y su familia. Una eficiencia de primer mundo que el ciudadano de a pie solo ve en las series policíacas.
La historia dio un giro de telenovela de terror cuando se confirmó que el diablo estaba en casa. Diego Sebastián “N”, supuesto socio del tecladista, fue quien usó la confianza para meterse al departamento. El clásico judas que te sonríe de frente mientras planea dejarte en la lona de la manera más ruin posible.
Y mientras las autoridades arman su pasarela de detenidos, allá en Palacio Nacional, “Sheinbee” y su gabinete siguen aferrados a sus gráficas de colores. Juran y perjuran que los índices de violencia van en picada, vendiendo la idea de que su estrategia de seguridad es un éxito rotundo.
Pero una tragedia de este nivel en el Estado de México tira por la borda cualquier discurso triunfalista. Por más que el gobierno presuma la captura de los culpables, la cruda realidad es que la inseguridad sigue rompiendo puertas, destrozando esa burbuja de paz que tanto pregonan desde el atril presidencial.