Vecinos de Menchaca prevén tragedia por drenes destruidos
Las barreras contra el agua en las laderas de Menchaca II lucen más desgastadas que la credibilidad de los políticos en turno, dejando a los vecinos rezando para no salir flotando hacia Chichimequillas en la próxima tormenta.
Las laderas de Menchaca II, justo sobre la carretera a Chichimequillas, están a un aguacero de estrenar su propio parque acuático de riesgo extremo. Los canales pluviales que en teoría domarían las corrientes lucen hoy más olvidados que promesa de campaña en su segundo año de gobierno. La maleza ya colonizó el concreto y la estructura de contención es una sombra de lo que estaba en los planos originales.
Durante un recorrido por la zona, quedó claro que la física de fluidos no es el fuerte de nuestras autoridades. Las barreras de piedra incrustadas para frenar la bajada del agua desaparecieron sin dejar rastro, casi con la misma magia que el presupuesto en obra pública. Sin esos reductores, la corriente tiene pista libre para arrasar con lo que se le cruce, dejando a las propiedades con las mismas probabilidades de supervivencia que un extra en una película de Mad Max.
Pero como en el barrio quejarse en Twitter no detiene los deslaves, los vecinos activaron el modo supervivencia. Ante la pasividad de las dependencias que administran la ciudad desde el aire acondicionado de sus oficinas, la raza ya armó su propia cuadrilla comunitaria para tapar los huecos.
A puro pulso y coperacha, andan rehabilitando los frenos de agua y despejando los cauces. Es una ironía pesada de la vida adulta: cumples con tus impuestos para terminar jugándole al ingeniero civil los domingos, rogando que el cerro no decida tragarse tu patrimonio en la próxima tormenta.