Veintitrés naves acabaron en corralón por conductores ebrios
Entre el cinco y el once de octubre, la justicia cívica frenó la fiesta de varios que se sentían intocables, mandando veintitrés vehículos directo al corralón.
El fin de semana en Querétaro estuvo más hidratado que concierto de Grupo Firme, y el operativo de alcoholimetría de la Dirección de Justicia Cívica simplemente no perdonó a nadie. Del 5 al 11 de octubre, los oficiales se pusieron las pilas y aplicaron 906 sopladas (¿cómo?)en los retenes para cazar a los que manejan con sed de la mala.
A 35 de esos valientes se les cruzaron los cables y reprobaron la prueba, pero solo 26 se ganaron su pase VIP al Centro de Infracciones Municipales por Alcoholimetría (CIMA). Traían más de 0.20 miligramos de alcohol por litro de aire, nivel suficiente para hacer el oso intentando caminar en línea recta frente a la autoridad.
El chismecito estadístico nos confirma que los hombres siguen liderando el campeonato de las malas decisiones: 24 vatos y apenas dos mujeres terminaron guardados. Además, 23 naves se fueron a dormir al corralón, dejando a sus dueños con una cruda financiera que daría más miedo que cualquier capítulo de Black Mirror.
Se les acabó el teatrito a los que juraban que masticando un mazapán iban a engañar al sensor. Una simple soplada fue suficiente para mandar a dormir sus ganas de seguir la jarra.