Sin liquidación ni austeridad republicana: Maxi vende todo online
El revolucionario literario llora miseria en redes sociales porque la SEP lleva seis meses sin soltarle su liquidación. Ahora anda armando su propia venta de garaje huyendo de los cobradores del banco, dejándonos una duda monumental: ¿de qué vivía antes de sangrar al erario?
Arrancamos hablando de la pobreza franciscana, porque al parecer el karma burocrático sí existe y muerde con ganas. Resulta que nuestro entrañable revolucionario literario, el mismísimo Maxi, anda pasando la charola y dando lástima en redes sociales. Después de rediseñar los libros de texto gratuitos y darnos lecciones de moral pedagógica, lleva más de seis meses rogándole a la Secretaría de Educación Pública que le pague su liquidación.
El drama que armó en X está mejor que cualquier capítulo de La Rosa de Guadalupe. Maxi confesó que ya no ve lo duro sino lo tupido con los intereses financieros. Los cobradores de Santander le respiran en la nuca, al grado de que el exfuncionario se vio en la penosa necesidad de poner en venta sus herramientas de trabajo, incluyendo un horno. Además, anda malbaratando la casa que construyó en “Juaritos“, afirmando trágicamente que prefiere regalar todo antes de que los banqueros se queden con su patrimonio.
La gran ironía de esta tragedia griega es que el hombre que promovía la ideología de la Nueva Escuela Mexicana ahora colapsa ante el capitalismo salvaje. Esto nos lleva a la pregunta del millón que todos nos hacemos: ¿de qué demonios vivía este personaje antes de cobrar su jugoso cheque en la SEP? Porque resulta muy sospechoso que, tras solo un semestre sin la bendita nómina gubernamental, su economía se desmorone al nivel de tener que rematar sus cosas por internet.
Recordemos que Maxi salió de la dependencia a principios de año haciendo un berrinche histórico, atrincherándose en las oficinas para exigir que le respetaran sus derechos. Hoy, el sistema de la transformación que tanto defendió le está aplicando la vieja técnica de “déjeme revisarlo y le llamamos”. Mientras tanto, si alguien ocupa un horno usado, ya sabe a qué perfil de X acudir.