El magnate naranja quiso usar a México de piñata electoral en la ONU, pero la científica del bienestar le aplicó un freno sutil recordándole su adicción a las sustancias y su tianguis de metralletas.
Arrancó la temporada de cacería electoral en Gringolandia y Donald Trump sacó su clásico guion apocalíptico estilo The Purge. Durante su número en la ONU, juró que México es el epicentro del caos y que los cárteles libran una guerra contra la civilización digna de villanos de Marvel.
Pero antes de que cundiera el pánico, Clau apareció en el morning show para ponerle hielo al drama. En lugar de morder el anzuelo y armar un pleito de cantina, la científica del bienestar exhibió a la prensa por comprar el chisme a medias y olvidar que el magnate también prometió cordialidad.
Sheinbee aplicó la legendaria técnica pasivo-agresiva de villana de telenovela: tirar la piedra y esconder la mano. Sin despeinarse, soltó que bien podría quejarse de vivir junto al mayor consumidor de sustancias del planeta y su interminable fábrica de metralletas, pero que no lo diría por pura elegancia diplomática.
Básicamente los mandó a barrer su propio muladar antes de jugar al policía del mundo. Además, desmintió que existan zonas sin control del Estado, recordándoles que la soberanía no se negocia y presumiendo el derribo de cinco drones chismosos que espiaban en la frontera norte.
La presi cerró el telón dejando claro que no piensa prestarse como botarga para la campaña del vecino del norte. Cada quien con sus muertos y sus vicios.

